Se cuenta que el rey persa Dsemsit, almacenó uvas en un sótano para consumir fuera de época. Estas fermentaron y desprendieron dióxido de carbono, intoxicando a quienes las cuidaban. Consideraron a las uvas, venenosas.
Una de las concubinas del rey, celosa de las otras, intentó suicidarse tomando ese jugo y contrariamente a lo que esperaba, se sintió feliz. A partir de ese momento, lo hizo diariamente.
De este modo, el rey, por su alegría contagiosa, la prefirió por sobre todas sus mujeres.
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